Pedro Venegas
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Stephen Hawking, un genio de olimpiada

Stephen Hawking, un genio de olimpiada

Puede usted imaginar la diminuta partícula que somos en el universo, cuántos planetas lo conforman, qué son los hoyos negros en el espacio, el polvo cósmico, la teoría del Big Bang, entre otros conocimientos. Más aún, puede figurarse a usted estudiando  astrofísica con los kilos y kilos de matemáticas, física y química que representa. Para algunos como yo, eso sería lo mismo que estudiar chino o árabe con su escritura original y si hacerlo en pleno uso de sus facultades físicas y mentales representaría un gran esfuerzo, realizarlo enfermo representaría una proeza.

Esta es la historia del más famoso astrofísico de la Gran Bretaña, un genio para el mundo, que a sus 74 años de edad y con una inmovilidad de casi el 100 por ciento, participó en la inauguración de los Juegos Paralímpicos en Londres como apoyo a esa enorme comunidad de discapacitados que buscaron demostrar al resto de la humanidad que una incapacidad no es pretexto valido para no triunfar en la vida. El científico dio entrada a una representación del Big Bang con luces de color y decenas de acróbatas y atletas con discapacidad, ejemplar sin lugar a duda.

Participó con gusto en este festival de luz y sonido después de haber logrado las más grandes hazañas, y la primera, la principal, sobrevivir a una enfermedad tan grave que hace mucho pero mucho tiempo lo hubiera matado.     

Me refiero a Stephen William Hawking, quien nació en Oxford, Reino Unido, el 8 de enero de 1942. Uno de los mejores astrofísicos teóricos que existen en el mundo. Estudió matemáticas y física en el University College de Oxford, donde se licenció en 1962 y al año siguiente, a los 21 años de edad, su enfermedad había llegado a un grado crítico, sin embargo, en 1966 se doctoró todavía en el Trinity Hall de Cambridge.

Fue degenerándose su salud como el polvo cósmico del que habla en sus libros cuando menciona los mini agujeros negros, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), enfermedad neuromuscular de graves consecuencias se agravó con el paso de los años hasta dejarlo casi completamente paralizado, y lo ha forzado a comunicarse a través de un aparato generador de voz que le fue aplicado a través de una traqueotomía en 1985, aunque todos estos daños físicos no le han impedido progresar en su actividad intelectual.

En esa época los médicos le pronosticaron que no viviría más de 2 ó 3 años -tiempo de supervivencia normal ante la enfermedad-, pero por motivos desconocidos, posiblemente por la voluntad de Dios, al que Hawking menciona en sus obras “comercialmente” pero no cree en su existencia, es de las pocas personas en el mundo que han sobrevivido muchos más años de los esperados, aun padeciendo el progresivo avance de la discapacidad.

Conforme pasan los años, poco a poco ha ido perdiendo el uso de sus extremidades, así como el resto de la musculatura voluntaria, incluyendo la fuerza del cuello para mantenerse con la cabeza erguida; con todo esto su movilidad es prácticamente nula. La silla de ruedas que utiliza en público está controlada por un ordenador que maneja a través de leves movimientos de cabeza y ojos, que también le permite seleccionar palabras y frases en su sintetizador de voz. Por increíble que parezca, en una demostración de “salud”, Stephen Hawking fue capaz de corretear a una enfermera con su silla de ruedas, claro, nunca la alcanzó.

El miércoles 20 de abril de 2009 se informó a la opinión pública que Hawking había sido internado “muy enfermo” en un hospital de Cambridge. Unas pocas horas después de conocerse la noticia, fue tal la respuesta de la gente que se vieron obligados a omitir sus contenidos temporalmente para evitar una caída del servidor. Al día siguiente, 21 de abril, se informó de su mejoría y la posibilidad de su pronta recuperación era total, sin duda, un consentido de Dios.

Se ha casado en dos ocasiones y ha tenido tres hijos, enfermo sí pero con ánimo de preservarse. A lo largo de su carrera ha alcanzado éxitos de ventas con sus trabajos divulgativos sobre Ciencia, en los que discute sobre sus propias teorías y la cosmología en general; estos incluyen A Brief History of Time, que estuvo en la lista de best-sellers del The Sunday Timesbritánico durante 237 semanas, siendo uno de los libros más leídos.

Su interés científico se centró en el campo de la relatividad general, en particular en la física de los agujeros negros. En 1971 sugirió la formación, a continuación del Big-Bang, de numerosos objetos, denominados «miniagujeros negros», que contendrían alrededor de mil millones de toneladas métricas de masa, pero ocuparían solo el espacio de un protón, circunstancia que originaría enormes campos gravitatorios, regidos por las leyes de la relatividad.

Es miembro de la Real Sociedad de Londres, de la Academia Pontificia de las Ciencias y de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Fue titular de la Cátedra Lucasiana de Matemáticas de la Universidad de Cambridge hasta su jubilación en 2009. Entre las numerosas distinciones que le han sido concedidas, Hawking ha sido honrado con doce doctorados honoris causa y ha sido galardonado con la Orden del Imperio Británico (grado CBE) en 1982, con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1989, con la Medalla Copley en 2006 y con la Medalla de la Libertad en 2009 ¿Faltaría alguna? Toda una institución.

La primera esposa de Hawking, Jane Wilde, declaró públicamente durante el proceso de divorcio que él era ateo pero que citaba muchas veces a Dios en sus libros con fines comerciales. En efecto, Stephen Hawking utiliza repetidamente la palabra Dios en su discurso público de divulgación científica, pero ha explicado que lo hace en sentido meramente metafórico. “No soy religioso en el sentido normal de la palabra. Creo que el Universo está gobernado por las leyes de la ciencia. Esas leyes pudieron haber sido creadas por Dios; pero Dios no interviene para romper las leyes.”

Hoy Stoke Mandeville, cuna del paralimpismo, puede recordar las múltiples hazañas de cuatro mil 200 atletas, hombres y mujeres, que representaron a 166 diferentes naciones en 21 disciplinas, mismos que ingresaron al Parque Olímpico para realizar sus proezas de espíritu ante los más de 60 mil espectadores de varias partes del mundo y podrá recordar que junto con estos gigantes estuvo el más grande, el campeón de inteligencia y espíritu, Stephen William Hawking un genio de olimpiada.

Escritor por: Pedro Venegas

Comunicólogo con más de 25 años dentro y fuera de los medios de comunicación; ha sido analista y consultor del Gobierno Federal y asesor en Evaluación de Imagen Institucional y Prospectiva en diversas Secretarías de Estado.

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