Gabriel Sodi
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Critica al documental “Bellas de Noche”

Critica al documental “Bellas de Noche”

El documental de María José Cuevas, que pretende dar de nuevo luces de reflector a las musas del deseo, el baile , la lujuria y las noches de cabaret, las llamadas Vedettes. Con la participación de Lyn May, Olga Breeskin, Rossy Mendoza, Wanda Seux, La Princesa Yamal. Porque seamos honestos, medio bailaban, mal cantaban y nada más, pero tenían una magia, una forma de lucir atuendos extravagantes, una forma de encuerarse que era todo un motivo de culto. Vamos por partes.

La cuestión técnica. En cuanto a la imagen lo que viene siendo la fotografía es de Mark Powell y de la propia MAría José Cuevas, es mágica, nítida, colorida, a pesar de que en momentos hacen unos encuadres en lugares lúgubres, desordenados, muy de mujeres mayores con trastorno obsesivo compulsivo acumulador.

El sonido es de Kiyoshi Osawa, y el diseño sonoro de Javier Umpierrez, es importante destacar a estos magníficos técnicos, porque el audio se escucha perfecto, se entiende todo, está excelente, no se encuentra desfasado como en todas las películas mexicanas donde el actor ya terminó de gesticular y apenas se escucha su voz, además es clara no se escucha como en todas como si se estuviera tapando la boca para no ser descubierto. Por favor, contrátenlos en todos lados, incluyendo a los laboratorios de audio.

La edición de Ximena Cuevas quien hizo grandes colaboraciones la transformar material grabado de televisión en videotape a un formato digital, pero la forma de unir y de contar las historias deja mucho que desear, tal vez no sea su culpa, tal vez sea que María José Cuevas estuvo pendiente de la edición y hasta se inventó un cargo en créditos de  “colaboración en la edición”, su obligación como directora es estar , no tiene porqué restregarlo en las “letritas del final que nadie ve” poniéndolo y haciendo evidente que estuvo metida en todo.

Llegamos a la historia, en un principio parecía que nos contarían desde que fueron aspirantes hasta convertirse en vedettes de estas grandes señoras, siendo Olga Breeskin la más famosa y la que más material tiene pero no, se va perdiendo en contarnos en exhibir a estas señoras en su plena decadencia. Nos muestra a una Olga recatada ensimismada en el cristianismo, pero tiene la osadía de enseñarnos su casa y la dirección, por dios! que peligroso, cuantas dementes habrán visto eso y planearán en el mejor de los casos “stalkearla”.

Otra aberración es enseñarnos la casa de Wanda Seux y su infinita soledad llena de perros, que intentan socavar sus huecos emocionales, incluso en un atoma vemos la precaria recámara donde sus mascotas duermen con ella.  

Cuando vamos con Rossy Mendoza, seguro que fue la que mejor le ha ido porque la vemos en grandes encuadres con lo que en el medio decimos “engolosinarse con la imagen” por que los fondos están llenos de texturas, de propuesta con la cámara hasta que le dá en la torre a todo enseñando su sala de cómputo donde hay un tiradero que saca el obsesivo compulsivo pero por querer limpiar ese desmadre.

En cuanto a Lyn May, tiene momentos muy lúcidos, porque la vemos vestida, eso sí que es novedad, pero escuchamos la manera vaga de entrevistar de María José Cuevas, lo que nos lleva a saber por qué tardó seis años en concluir ese proyecto que pudo terminar en 1 mes.  Aún así logra buenas imágenes cuando vemos al actual esposo de Lyn, muy enternecedor, tanto que olvidamos sus actuales escándalos y aspavientos por llamar la atención de los medios y seguir figurando.

Confirmamos que Cuevas no tiene un ápice de periodista ni pizca de contadora de historias, cuando llega a la parte medular de la vida de La Princesa Yamal, enseñando en el acervo de televisa  a Jacobo Zabludosky narrando la noticia de un robo magistral en el que estuvo involucrada La Princesa, pero jamás ahonda en eso, la gente que no conocemos a esta vedette nos quedamos con la intriga, ¿fue cierto o fue un mal sueño? Ahí estaba la nota.

Bellas de noche, pudo ser contada de manera distinta, primero como llegaron, luego cuando triunfaron, a la par sus excesos, hasta llegar al declive, pero no, todo se quedó a medias, solo demostrando que ya son mayores, que están solas, que perdieron todo, con excepción de Olga que es la única que logró sobreponerse, económicamente y La Princesa Yamal que tuvo un éxito como madre después de que le destrozaron la carrera. y Aquí vamos otra vez, ¿cuál es el caso de presentar imágenes de Yamal, poniéndole botox a Wanda?

Y ya para terminar, el final es deprimente, al igual que la música, ya que durante 70 años las mismas canciones definen (según los que hacen el cine), el soundtrack de mi México, por lo que nuevamente si lo vé escuchará la maldita Boa de la Sonora Santanera. Véala ya está en Netflix, después de su efímero paso por las salas de cine.  Horacio Villalobos, la calificó de magistral, yo le digo que es decadente, y muy triste, pero la mejor opinión siempre es del público.

Escritor por: Gabriel Sodi

Soy el ciudadano de a pie, con un toque de frescura y genialidad, adicionado con gallardía y picardía, que se debate entre bambalinas y algoritmos, que no se conforma con el show, si no que tiene que experimentar la tecnología como la vida real.

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