Dr. Mauricio Jalife Daher
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Siguen plagios de diseños indígenas

Siguen plagios de diseños indígenas

“El derecho es el mínimo ético socialmente exigible” (anónimo)

Cuando busquemos culpables de los constantes plagios de diseños indígenas mixes, chinantecos o zapotecas, no busquemos entre los diseñadores de alta moda españoles, franceses o ingleses; mejor dirijamos nuestra mirada hacia nuestro Congreso federal, que sigue acumulando años de desatenciones y olvidos en relación al tema.

El nuevo caso se construye a partir de la denuncia formulada por la comunidad de San Juan Bautista Tlacoatzintepec, por la copia burda del diseño de un huipil chinanteco realizado por la empresa española Intropia, y que se vende en la nada despreciable suma de 198 euros. Para acabar de consumar el agravio, la empresa hace referencia al diseño como de inspiración “azteca”, lo que constituye una total falta de respeto a la etnia que ha preservado esta expresión cultural como parte de sus tradiciones.

Seguir justificando la necesidad de contar en el país con una ley que proteja las expresiones de folclore parece ya un ejercicio gastado. Los beneficios que las leyes de este tipo han acreditado en los países que las han adoptado se pueden constatar tangiblemente, y en un uno como el nuestro, que desborda riqueza de su folclore en gastronomía, música, vestido, artesanía, danza y productos típicos, su desprotección se vuelve doblemente grave.

Experiencias de países como Nueva Zelanda, Australia y Panamá son muy reveladoras de los cambios positivos que gradualmente se generan cuando la protección de una ley de este tipo se instrumenta. No es una ley que otorgue derechos exclusivos, sino que se orienta a forzar el reconocimiento de la etnia de origen como “preservadora” de los valores tradicionales en juego, brindándole ciertos privilegios de control de la producción y del mercado.

En casos como los reportados es necesario traspasar lo anecdótico. El punto no es solo destacar el “abuso” de firmas extranjeras que “se inspiran” en los diseños de los pueblos indígenas de México, porque tales conductas no pueden ser denunciadas mientras se generen al amparo de la ley. Si nuestra legislación no determina que tal uso es ilegal, no existe materia para la reclamación. Como dice la psicología en su principio más básico, tenemos que aprender a poner límites.

El otro lado de la moneda es que al seguir en la indiferencia, estamos cancelando una oportunidad de articular el reconocimiento legal de autoría como punto de partida de la construcción de identidad y la generación de fuentes de ingreso para esas comunidades. Junto con la protección de conocimiento tradicional (formulas herbolarias) y las indicaciones geográficas (los nombres de los productos), piezas que siguen faltando también en el nuevo triangulo de protección de las producciones étnicas, la ley de expresiones de folclore resulta urgente.

Sin abanderar posiciones proteccionistas trasnochadas, el momento para revalorar nuestros productos artesanales es particularmente oportuno. ¿Seguiremos posponiendo, inclusive, lo que no admite argumentos en contra?

mjalife@jcip.mx

Foto: www.mientrastantoenmexico.mx

 

Escritor por: Dr. Mauricio Jalife Daher

Doctor en Derecho, experto en Derecho en Propiedad Intelectual, arbitro en la organización mundial de la propiedad intelectual. Autor de seis libros.

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